TRAS LA ILUSIÓN

Escape (Magic) Book: Tras la ilusión – Adrilox

Imagen del Libro Tras la Ilusión
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Tras la ilusión: La magia corre por las venas de la familia de Adri. Su abuelo es mentalista, su tío es capaz de sustraer cualquier objeto con su destreza y la pequeña Natalia, su hermana, ya es ayudante de la gran Alicia Resplandor, que además de su madre es la única persona del mundo capaz de escapar de cualquier trampa.

Salvo de la que le han tendido para acusarla de un delito que ha hecho caer a su familia en desgracia… y perder la presidencia de la Logia.

Sirviéndose de todos los recursos del ilusionismo (magia de cerca, mentalismo, manipulación, escapismo, pickpocketing…), Adri tendrá que demostrar la inocencia de su madre resolviendo una serie de enigmas de los que también participará el lector.

En el libro de Adrilox, Tras la ilusión, encontrarás:
* 10 enigmas a resolver con trucos de magia.
* Instrucciones de Adrilox para aprender a hacer los trucos en el mundo real.
* QR interactivo para acceder a contenido exclusivo en las redes de Adrilox.
* Una aventura trepidante llena de curiosidades sobre el mundo del ilusionismo.

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PREGUNTAS

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Escape (Magic) Book: Tras la ilusión
Adrilox

Fragmento

1
El principio

Si ya es difícil seguir a una persona por la calle sin que te pille, imaginad si la persona a la que sigues está siguiendo a otra. Y si la persona a la que sigue la persona a la que sigues está siguiendo a su vez a otra persona, todo se complica mucho más. Pues en esas me encontraba yo aquella noche: siguiendo a mi hermana Natalia, que seguía a mi tío Fede, que seguía a Fausto, mi abuelo.

Estaréis pensando que somos una familia muy rara, ¿no? Pues tenéis razón, para qué os lo voy a negar. Todos íbamos al mismo sitio, pero no queríamos que ninguno de los demás nos acompañara. Y lo peor de todo era que, si lo que íbamos a hacer salía mal, no pasarían cosas horribles. De hecho, no sucedería absolutamente nada. Porque las cosas horribles ya habían pasado.

Será mejor que empiece por el principio.

Me llamo Adrián, pero podéis llamarme Adrilox. A ver si al menos con vosotros lo consigo. Nadie me llama Adrilox. A nadie le da la gana, por más que yo insista. Os explico por qué.

Mi abuelo Fausto no me llama Adrilox porque dice que es un nombre absurdo para la familia. Veréis: todos los miembros de mi familia son magos. Prestidigitadores. Ilusionistas. Escapistas. Bueno, todos todos no. Todos menos yo. Mi abuelo Fausto es mago mentalista: sabe hipnotizar, leer la mente y adivinar el futuro. Aunque la verdad es que no ha sabido hipnotizarme para que se me quiten las ganas de ser mago. Si te lo encontraras por la noche en algún callejón y entrecerrases un poco los ojos, pensarías que te acabas de tropezar con una morsa escapada del zoo. Es grandote, calvo y tiene un bigotón del que se siente muy orgulloso. Casi siempre lleva camisa blanca y pantalones negros sujetos con unos tirantes de colores que no le gustan nada, pero que se pone porque mi madre le regala un par nuevo cada Navidad. El nombre de mago de mi abuelo es Fausto Retruécano, y le gustan mucho los juegos de palabras.

Mi tío Fede no me llama Adrilox porque le han dicho que no lo haga. A él le da igual cómo me llame y, de hecho, es el único que se alegra de que yo quiera ser mago. De vez en cuando, incluso me enseña algún truco. Mi tío Fede es mago prestidigitador. Prestidigitador quiere decir, literalmente, que tiene dedos rápidos. Fede puede quitarte el reloj, darle cuerda, cambiarlo a la hora de Moscú y ponérselo al frutero de tu vecina en la muñeca izquierda mientras te hace un truco de cartas. Fede tiene una nariz donde podrían esconderse tres o cuatro naipes marcados, el pelo corto y con entradas y unas maneras de andar que le dan aspecto de avestruz despistada. Siempre lleva camisas hawaianas abiertas que enfadan mucho al abuelo y unas gruesas gafas de pasta que van cambiando de color según con qué pie se levanta. Su nombre de mago es Fede Relámpago y, aunque sus manos son velocísimas, cualquiera que lo vea bailar pensaría que tiene dos paletas de ping-pong en vez de pies.

Mi hermana Natalia no me llama Adrilox porque es una antipática. Natalia tiene quince años, dos más que yo. Se ha pasado media vida siendo la acompañante en los trucos de magia de la familia. La han cortado en dos, la han hecho desaparecer, la han convertido en conejo y en paloma y en sombrero y en varita gigante y en mil cosas más; todo hasta ganarse el derecho a ser maga. Y ahora no quiere que yo sea mago, quién sabe por qué. Mi hermana tiene el pelo pinchudo como un personaje de manga. Últimamente lo lleva corto y teñido de azul rabioso. La prenda que más le gusta es un peto vaquero de color lila, aunque se enfada muchísimo cuando le digo que eso no es ropa de mago —sobre todo porque el abuelo Fausto dice lo mismo—. El nombre de maga de mi hermana es Natalia Rebelde, y es la persona más valiente que conozco, pero que no se entere de que lo he dicho yo.

Mi madre, en cambio, no me llama Adrilox porque ya no me llama nada. Su nombre de maga es Alicia Resplandor, y está en la cárcel.

Bueno, quizá sea mejor lo que decía antes. Lo de empezar por el principio. No, este no es el principio principio. Un poco de paciencia, por favor.

 

2
El principio principio

La primera vez que vi volar a mi madre me había escapado de clase, pero no penséis en un escape tipo Houdini o David Copperfield. No eché polvos picapica en el puntero de la pizarra digital para que la profesora tuviera que ir al baño a limpiarse y luego aproveché para descolgarme de una ventana, con una soga hecha de todas las mochilas de la clase enganchadas unas a otras… aunque, ahora que lo pienso, eso habría sido genial. Quizá la próxima vez que lo cuente diga que fue así. Pero ahora os tengo que decir la verdad: aproveché el cambio de clase y un despiste del profe de guardia para salir. Nada más. Lo importante viene ahora.

Fui corriendo hasta el teatro donde mi madre actuaba en función matinal. Su nombre se anunciaba en la puerta. Creo que era un teatro pequeñito o algo así. No lo recuerdo. Lo que sí recuerdo, lo que no se me va a olvidar nunca, era aquel nombre escrito en letras bien gordotas de color esmeralda:

ALICIA RESPLANDOR

ESPECTÁCULO DE MAGIA

Nada más cruzar la puerta de entrada, un portero me salió al paso.

—¿Tú dónde vas?

Me quedé paralizado. «Piensa, piensa, piensa».

—Mi madre está dentro —dije. No era mentira—. Yo he ido a hacer pis, pero no encuentro el baño. He cruzado una puerta que daba a la calle y ahora no puedo entrar.

Vale, eso sí era mentira. El portero, un señor viejo de por lo menos cuarenta años con las cejas peludas, me miró de arriba abajo.

—Me hago mucho pis —insistí.

El tipo debía de tener pocas luces y menos ganas de trabajar, porque hizo con la boca un ruido como el de las botellas de agua cuando las abres. Me señaló un pasillo:

—Por ahí. A ver si pones más atención, que tu madre se va a llevar un disgusto.

—Gracias.

Fue todo lo que pude decir, porque el corazón me galopaba en el pecho. ¡Se lo había creído! El tío Fede estaría orgulloso.

Salí del baño, porque los nervios me habían dado ganas de verdad de ir, y me orienté como pude hasta la sala principal. Debía de ser muy pequeña, pero en mi recuerdo había más gente que en un concierto de Rosalía. La verdad es que tampoco me fijé mucho en el público, porque en cuanto crucé la puerta vi a mi madre.

Alicia Resplandor es su nombre de maga. ¿Os lo había dicho ya? Estaba en mitad del escenario, iluminada por los focos. Bajita y algo rechoncha, nadie diría que era maga, excepto por el pequeño detalle de que sabe hacer magia mejor que nadie.

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